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pinturas: serie I y II textos
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DAVID L. PANEA
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Paraísos Considero a Rocío Arregui Pradas una chica del siglo 21 porque hace obra con un corte y con una voluntad de siglo 21; una obra desinhibida, fresca y llena de gracia, en la que mezcla medios diferentes (pintura, dibujo, fotografía, performance, vídeo, instalación, etc) con naturalidad y solvencia y con pocos referentes dentro de las vanguardias clásicas, a pesar de encontrarnos con un obra de aspecto netamente plástico en su acabado. Los contenidos de la obra que viene realizando en estos últimos años, de discurso sencillo pero efectivo, tratan por un lado la temática social, en la que mezcla ecologismo (no post-minimalista-new age) y activismo colaborativo y la cotidianeidad; lo pequeño íntimo. Ahora bien, a la hora de expresarlo pone en marcha una serie de mecanismos plásticos (más evidentes en su pinturas y sus dibujos que en intervenciones fotográficas, instalaciones, etc) desbordantes, llenos de vigor y sexualidad. Los temas, en sus últimas entregas, se funden en una maraña orgánica ornamental, plagada de flores y hojas llameantes y vibrantes, sumamente voluptuosas, que se mezclan, complicando el juego, con la trama de las telas de motivos florales que viene usando para trabajar. En la obra plástica que nos ocupa, en la que podemos ver a jardineros y jardineras-fuente, podemos detectar toda una serie de frecuencias y pulsiones sexuales que en ocasiones se muestran de manera evidente, y en otras de manera soterrada pero patente. Tan solo con desbrozar un poco podremos ver hasta en los más inocentes dibujos ese jardín del deseo, escenario imaginado, en el que la artista ha desarrollado toda una serie de relaciones, que tienen ocupados a unos personajes-sombra-jardinero o jardinera, en poses (lo que denota que son modelos o estereotipos), algunas sin duda erotizantes, que se relacionan bien en pareja, bien con macetas y plantas que se nos antojan de jardín, a través del agua. Así podríamos concebir las plantas como extensión de uno mismo, o como reflejo del sexo de las sombras-fuente y las relaciones que plantea la artista, todas en un ciclo cerrado de individuo(s)-agua-plantas, como una serie de situaciones de autosatisfacción íntimas, que se desarrollan ab aeternam, en un crecimiento constante y lleno de gozo. Por otro lado, me parece pertinente destacar la fascinación que la artista siente por las macetas que uno suele atesorar en interiores o exteriores de la vivienda, por esos pequeños jardines paradisiacos controlados y cerrados, o encerrados. Son fragmentos de la naturaleza pero subyugados a la voluntad de la persona-amo o ama, que los crea para la propia satisfacción personal, en un estado de placer perpetuo, de amor eterno, que por lo general (salvo plaga de bichos), da mucho más que quita. Así, la artista, propone dos piezas intrínsecamente ligadas a las pinturas y dibujos de las que he hablado más arriba: una cartografía de afectos, un mapa de situación de estos jardines personales en la geografía sevillana, acompañado de la fotografía de sus dueñas, vestidas con batitas florales, extensión de su jardincito, y una instalación en la que son las propias plantas, en tiestos, las que en un acto de voluntad individual revierten los afectos recibidos en la construcción de un traje de mujer confeccionado por ellas mismas. David López Panea. Agosto 2010
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| PRENSA |
http://www.abcdesevilla.es/20100927/cultura/somos-muchos-creadores-pero-20100927.html http://www.diariodesevilla.es/article/vivirensevilla/800881/rocio/arregui/y/la/observacion.html http://www.elcorreoweb.es/cultura/104281/naturalezas/vivas/rocio/arr http://www.andalunet.com/agenda/even_info.php?id=4986
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